6 de julio. Calle 4 de abril. Redescubriendo Tandil

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Cociné muy temprano. Luego, las compras de siempre, las rutinarias; una vez todo organizado salgo bajo el sol, el brillante sol del lunes. Elijo la avenida Santamarina, típica por sus tilos y ciertos espacios tradicionales. Reconozco algunas casas. Me sorprenden edificios. Y ese río de automóviles que no quiero mirar… me sorprende el grito de los teros que vuelan buscando sus nidos.

Pienso en mi abuelita María. Sola en una chacra en la provincia del Chubut, precisamente Sarmiento. Allá sí que las nombradas aves pasaban rozando mi cabeza. Regresé en una época en que mi niñez ya era lejana y me había desacostumbrado a sus llamados de atención. Seguramente caminaba cerca de sus nidos, pero acá, puro cemento ¿dónde pondrán sus huevos? ¿O será que gritan por nostalgia?

Sigo caminando y doblo hacia la izquierda por la calle 25 de mayo. Redescubriendo barrios y ahora voy por 4 de abril. Veo algo gris en la vereda. Inmóvil. ¿Un trapo? Me acerco. Es una paloma. ¿Muerta? Parece dormida. Tropeles de pensamientos cruzan mi mente ¿y si la llevo? ¿Qué hago? ¿Cómo se cuida una paloma herida? Demasiado quieta.

Continúo mi camino. Llego hasta la avenida Avellaneda. Regreso por Santamarina. Veo tanta gente con  celular y  gesto preocupado, hablando diferentes temas, arreglando detalles de su trabajo y yo que voy hacia mi casa, medio apurada porque se acerca la hora de tal cosa o tal otra y todo acontece sobre un planeta pequeñito, bello y desvalido; cortado violado atacado; su piel horadada y sus cabellos que son los árboles, arrancados y sus venas, que son los ríos, contaminados.

Pasado el mediodía enciendo la computadora. Investigo actividades físicas. Hay tantas ofertas del Ying y del Yang, deportes varios, disciplinas múltiples. Practique esto que es mejor que lo otro. ¿Y por qué no prueba con Pilates? ¡Me dijeron que es tan bueno! No, yo prefiero Yoga. No hay como caminar opina una publicidad. La cura de todos los males. Aparecen panaceas y diferentes religiones. Hierbas, píldoras y pomadas. Sigo recordando mi paseo y también a la paloma. Pienso en la paloma muerta. Y pienso en el don de la vida. Ella no podrá volar y yo sigo caminando con alas en los pies.

Y vivir es sencillo, sin embargo, innumerables cursos e incontables tomos nos explican, prometen, aseguran que estudiando X o B seremos felices.

¿Será así? O mejor pensar menos y amar más y creer en valores superiores, o en algo más allá, o más acá, dentro de uno. Sí, en esa luz chiquita que vive dentro de cada uno…

Amanda Hermoso
Serie Reflexiones

Amanda Hermoso

La escritora Amanda Hermoso ha obtenido numerosos premios a nivel nacional e internacional y es autora de los libros: Ríos en la soledad (cuentos y poemas). Edición del autor. Tandil. (1995); Sombras y luces (cuentos y poemas). Editorial Vinciguerra. Buenos Aires. (1997); El Triángulo y otros relatos (cuentos). Editorial Utopías. Ushuaia. Tierra del Fuego. (2010).

Imagen: Niña con Paloma, cuadro pintado por Picasso en 1901. Una de sus pinturas más icónicas.

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