Día domingo

Día domingo

Dispuse que ellos esperaran en el comedor. Sin espiar. Sentados y juiciosos. Cuánto tiempo estuvieron mirando por la ventana o quizás en diálogo intrigado, no lo recuerdo.

La glorieta rebalsaba de jazmines. Los gladiolos, de pie y en fila, brotaban en colores y el sol murmuraba entre las hojas de hiedra pero a mí, nada de eso me importaba.

Concentrada en mi tarea quería sorprenderlos. Busqué un delantal en el cajón de los repasadores y envolví mi cintura con dos vueltas de lazos. La tela floreada me llegaba a media pierna y, entre las margaritas, descubrí un rastro de harina. Seguro de los tallarines del miércoles. Cintitas sabrosas.

Saqué de la canasta unos dientes de ajo y dos cebollas. Cocinaría en la marmita de hierro. Me gustaba el sabor que tomaban los alimentos. Era como cuando íbamos al campo a visitar a doña Pancha. Acá no hay cocina a leña pero yo me las ingeniaré para que la comida tenga gusto bien casero.

Primero, puse la mesa. El mantel a cuadros celestes y blancos. No debía tener ni una mancha, no esta vez. Las copas guardadas en el aparador, sí, las de Navidad, las quería para agasajarlos. El cuchillo a la derecha, el tenedor a la izquierda y la cuchara de postre frente al plato, como me había enseñado mi mamá. Admití la panera por una cuestión de comodidad. Hubiese preferido el pan en platitos.

Ella no pudo evitar su entrada en la cocina. Yo le había dicho:

–No te preocupes. Yo sé. Tenés que descansar.

Me previno:

–Cuidado con el aceite. No te vas a quemar. Cuidado con la cebolla. Es muy fuerte. No, picala más chica. Ojo con el cuchillo. Cuidado con los dedos…

Repetí:

–No te preocupes. Yo puedo.

Al rato pregunté:

–El aceite, ¿frío o caliente? ¿Ya pongo la cebolla? Olvidé picar ajo, ¡y con perejil! ¡Igual que en la casa de Marta! Ya sé, ya sé, andate. Esperá, abrime la lata de tomates. El arroz, ¿veinte minutos?

–Probalo, tiene que estar “al dente”.

El mediodía estaba cerca. Once y media leí en el reloj del living. A papi le gusta comer a las doce en punto.

Formé las albóndigas de carne sin grasa con un poco de ajo y perejil que había dejado aparte, miga de pan remojada en leche, sal, una pizca de pimienta, un huevo… hummmm… muy blandas…

Agregué harina y pan rallado. Yo vi cómo las hacen. Piqué un puerro que me había olvidado y lo zambullí en el aceite rubio junto al resto de los ingredientes. Un hada invisible parecía dictarme las instrucciones: revolver con la cuchara de madera. Bajar el fuego de la hornalla. Los tomates en un plato. Cortarlos. Van sobre las verduras. Incorporar un caldo de carne y dos hojas de laurel.

No le puse orégano. Quería un sabor distinto. Muy natural y muy mío. ¿Y si no pongo el arroz a hervir en agua? Mejor en el tuco. Necesitará más líquido.

Apenas los vegetales se ablandaron, los desmenucé con el pisa papas. Estaba en plena creación. Nadie me vigilaba. Puse a hervir un jarrito con agua y muy poquita sal y lo sumé a las verduras. Luego acomodé las albóndigas entre burbujas de salsa. ¿Y sus voces? ¿Qué estarían haciendo?

Esta tarde, ni bien nos encontremos con Marta, le voy a decir de jugar a los ojos vendados. Vamos a poner papel de diario sobre el piso para no ensuciarnos, como dice en “El Tesoro de la Juventud”, y sentadas frente a frente (no con la ropa del domingo porque se van a enojar) nos convidamos  rebanadas de pan con manteca y si están Jorge y Huguito, mejor, así somos más y después hacemos que tratamos de embocarnos las bocas. A ver quién acierta. La otra vuelta nos empapamos con té con leche. La cuchara de Hugo chocó contra mi hombro creyendo que iba derecho a la meta y me mojó el vestido color tiza…

El arroz… el arroz… qué dilema… y bueno… media taza dentro de la olla… allá van los granitos… caen perlas diminutas y desaparecen y controlo la carne abriendo un poquito la redondez de una albóndiga y me digo –la cacerola es de hierro, mantiene el calor, si apago el fuego el arroz terminará de cocinarse.

Entro al comedor diario y bailo una danza silenciosa. La música son los gorriones y el aroma a jazmines y el maullido de un gato del hotel vecino. Viene porque sabe, sabe que estoy cocinando. Después le daré pan con restos de comida (si es que hay restos).

Ellos ríen. Yo hago de payasa. Miro de reojo. El reloj del living me cuenta –son las doce y veinte.

Desaparezco tras la puerta. Destapo la olla. Pruebo unos granos. Ya está. Perfume de doña Pancha. Aire de campo y hogar. Aromas de su huerta crecida en tierra esponjosa.

Tomo la cuchara grande y sirvo el almuerzo en la fuente blanca. Una cama de arroz con verduritas entremezcladas y en el medio, las tres albóndigas. Una para papá, otra para mamá y la última para mí.

Corro a la maceta del patio. Una hojitas de albahaca para adornar mi obra de arte. Cuando sea grande voy a tener un restaurant. “Comidas de campo” se va a llamar. Doña Pancha hará las empanadas fritas y los pasteles con almíbar y grageas de colores y yo, las albóndigas con arroz. Marta, Jorge y Huguito serán mis socios…

Orgullosa, pero tan orgullosa de mi primer almuerzo, aparezco en escena con el aromático trofeo y el comedor chiquito es mi restaurant y está lleno de comensales y él, Marcelo, mi padre, sentado junto a la ventana, me mira con ternura y ella, Fina, frente a él, me observa, muy segura de que todo saldría bien.

Amanda Hermoso

Amanda Hermoso

“Día domingo” fue publicado en el tercer libro de cuentos de la autora: “El Triángulo y otros relatos”, Editorial Utopías, Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina, 2010.

La escritora Amanda Hermoso ha obtenido numerosos premios a nivel nacional e internacional y es autora de los libros: Ríos en la soledad (cuentos y poemas). Edición del autor. Tandil. (1995); Sombras y luces (cuentos y poemas). Editorial Vinciguerra. Buenos Aires. (1997); El Triángulo y otros relatos (cuentos). Editorial Utopías. Ushuaia. Tierra del Fuego. (2010).

Imagen: “La cocina está en buenas manos”, ilustración de Gattobravo, artista anónimo londinense.

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10 pensamientos en “Día domingo”

  1. Siempre es un placer para el alma y los sentidos leer tus relatos .Logras transportar a tus lectores al mundo magico de la ilusion .Gracias Amanda por compartir con nosotros estas maravillas .

  2. Gracias, Gra, por haber sido una adelantada y abrir caminos sorprendentes para vos, tu esposo y tus hijas. Te amo desde la admiración. Amanda

  3. bELLO RELATO!!!!RECUERDO A TU PAPA MARCELO HERMOSO-TENIA NEGOCIO EN LA CALLE PAZ….Y RECETA PARA COPIAR!!!!

  4. Así es, Cristina. Gracias por tu comentario. Me gustaría que me cuentes si nos conocemos. “Día domingo” es autobiográfico. Pertenece a la serie “Remembranzas”. Un abrazo, Amanda

  5. Si años ha!!!!!nos conocemos-eras muy amiga de Charito Masmela-ella vivia chalet sobre Alsina y yo en el de la esquina(alsina y Mitre)
    el barrio se componia-Rita Pasquetti-Pichu Suarez Nelson-los Masmela-Sayago-Lizaso-Lamberto-y sobre Mitre -Roman-Chenlo-Chiachio-Cariños

  6. Estas son las maravillas de Facebook. Cálidos encuentros. Te envié mensaje a tu casilla de correo. Cariños.

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