El primer beso

El primer beso

Era verano.
La tarde temprana estaba quieta.
Llegamos caminando tomados de la mano.
Tu pelo negro  brillaba bajo el sol y el mío, trigueño, parecía fundirse en hilos de cobre.  
¿Cuántos años teníamos? ¿Yo catorce y tú diecisiete?
Recuerdo que apoyabas tu espalda contra un árbol inmenso y por su tronco subía una enredadera lenta y tenaz, de un verde oscuro como tus ojos, mi vida, como tu mirada profunda que permanece grabada en la piel de mi alma.
Parecías un hombre experimentado. Acercaste tu rostro al mío y fuiste mi primer beso.
Yo tenía los labios apretados, tímidos, con miedo.
No estoy segura si los tuyos cesaron su búsqueda. Sé que bajé los párpados y una vergüenza dulce me anudó la garganta.
Hoy estuve en la urbana plaza, la que antes era un monte con algo de salvaje y mucho de íntimo.
Había niños jugando a la pelota. Hombres y mujeres caminaban por los senderos. El cielo estaba azul y un aire templado jugaba a ser primavera.
De pronto, los vi. Él permanecía de pie y apoyaba su espalda contra un árbol. Su pelo negro, brillaba bajo el sol y el trigueño de ella, se fundía en hilos de cobre.
Entonces comprendí que nuestro beso continuaba palpitando en el mismo lugar, como una rosa, como un copo de miel y ternura a salvo del olvido.

Amanda Hermoso

Amanda Hermoso

La escritora Amanda Hermoso ha obtenido numerosos premios a nivel nacional e internacional y es autora de los libros: Ríos en la soledad (cuentos y poemas). Edición del autor. Tandil. (1995); Sombras y luces (cuentos y poemas). Editorial Vinciguerra. Buenos Aires. (1997); El Triángulo y otros relatos (cuentos). Editorial Utopías. Ushuaia. Tierra del Fuego. (2010).

Imagen: ‘El beso’. obra de Marc Chagall (1887 – 1985), pintor francés de origen bielorruso.

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2 pensamientos en “El primer beso”

  1. Muchas gracias, Nora. Es muy bueno leer tu comentario muy temprano en la mañana. Uno recupera identidad y toma fuerzas para las tareas diarias. Un abrazo, Amanda

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