Gotas de amor

Gotas de amor

Afuera el verano derrama su aroma y las estrellas titilan de horizonte a horizonte. Madreselvas, rosas, cedrones bienhechores… grillos insomnes… mugidos lejanos; solitarios pájaros cortan la oscuridad con sus cantos de espada y campana…y yo aquí, aterida por los miedos y mis recuerdos… la carne morena prieta contra los blancos rincones… chupat, corean voces familiares… chupat… chupat…(1) dice el río a la ribera vasta…otron… otron… otron…(2) resuenan las fervientes olas… címbalos acuáticos y lejanos… muy lejanos… me rodea la vegetación y añoro el desierto hostil… apretujada entre unos trastos, huyo de los depredadores y de un ama de casa despavorida que, por haberme visto una vez, ahora me imagina sobre sus paredes y sus muebles. Escondida cultivo la esperanza del retorno en tanto tejo recuerdos con dulces hilos de plata…

Era una mañana inmensa. Otron me contaba historias con su voz de trueno. A lo lejos, las serranías pintaban líneas grises. Él hablaba y yo repetía leyendas en los ecos múltiples del viento… narraciones de la tierra en voces nativas iban de rama en rama, de piedra en piedra y así eran los días en aquellas soledades bordadas de álamos y canales… arena de oro donde hundíamos nuestros cuerpos buscando nidos cálidos y perpetuos… hasta que llegó el hombre cansado. Bajó de su camión, extendió una manta y murmuró –antes de partir hacia el norte dormiré hasta el atardecer.

Aquello fue fatídico ya que por accidente, yo, la hacedora de tramas, quedé enredada entre los hilos de su frazada, lo cual derivó en un involuntario cambio de domicilio que me llevó del sur al norte, del amarillo al verde, de la inmensidad a la estrechez. En vano pedí auxilio. Prevalecieron en mi recuerdo el sonido del viento y la distancia, tan viento y tan distancia que fueron capaces de ahogar mi propia voz junto a las miles de voces de los primigenios habitantes…

El hombre llegó a su casa, paró el camión bajo un sauce, sacudió la manta y quien habla, corrió a esconderse en el primer lugar que encontró. Los exteriores me resultaban inquietantes y el olor del aire, desconocido. Después, llegó el invierno y tuve que soportar las quejas de la cigarra lamentando su destino mientras las subterráneas y laboriosas hormigas trituraban manjares. El frío y el aburrimiento hicieron de mi cuerpo un pompón inerme hasta que un amanecer, un rayo de sol hilvanó collares de polen junto a mi ventana y el picaflor batió sus alas frente a los primeros pimpollos. La calandria y el benteveo revolotearon entre los ciruelos y la helada guardó su traje de cristal. Entonces, sólo entonces y muy entumecida, ensayé algunos movimientos.

Mis ojos perezosos se propusieron disfrutar de la belleza y en eso estaba cuando entre el paisaje y mis planes se interpuso su cara curiosa. La sorpresa y el instinto prepararon mi defensa. Para ganar tiempo me hice la muerta mientras él, pasito a paso acercó su arañidad a la mía. Lo dejé hacer. Me tocó con sus patas largas, me exploró, bebió, succionó, palpó, acarició y habló. Habló de nuestro futuro, de los hijos, de paseos por el parque. Exploré, bebí, besé, succioné, palpé, acaricié, enamoré, accedí. Entrelazados bajo la luna fuimos perla y nácar, pelo y pata. Noche a noche. Rocío a rocío. Junto a él me atreví a dejar el refugio. Conocí pastos. Caminé plantas. Olí pétalos. Escuché sonidos. Creció la esperanza. Decreció la nostalgia. Nació el estupor. Su pasión mimetizó en cortés indiferencia. Las excusas sustituyeron el ardor de sus besos. Sus patas apenas me tocaban. Su mirada estaba ausente.

Trituré su cuerpo parte a parte y sorbí sus líquidos sin llanto ni remordimientos. El engaño quedó reducido a un mísero cascarón a merced de las brisas.

 ¿Cumplí mandatos ancestrales? ¿Quise incorporar gotas de amor al simple y categórico hecho de perpetuar la especie? Lo ignoro.

Regresé a mi rincón y a los recuerdos. Enjugué una lágrima con la fresca hoja de menta. Un grillo cantó chupat. Un eco cantó otron y tejo… con mis patas tejo velos incansables para acunar a mis hijos… gotas de amor… la noche guarda silencio y mi carne palpita… carne morena prieta en los blancos rincones… madreselvas, rosas y grillos insomnes…

Amanda Hermoso.
“Letras Argentinas de Hoy 2004”, Editorial De Los Cuatro Vientos, Buenos Aires. Argentina.

Amanda Hermoso

“Gotas de amor”, fue publicado en “El Triángulo y otros relatos”, tercer volumen de cuentos de la autora, Editorial Utopías, Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina, 2010.

La escritora Amanda Hermoso ha obtenido numerosos premios a nivel nacional e internacional y es autora de los libros: Ríos en la soledad (cuentos y poemas). Edición del autor. Tandil. (1995); Sombras y luces (cuentos y poemas). Editorial Vinciguerra. Buenos Aires. (1997); El Triángulo y otros relatos (cuentos). Editorial Utopías. Ushuaia. Tierra del Fuego. (2010).

Notas:

1. Chupat: Voz de origen tehuelche que significa “transparente”. Esta traducción parece referirse a la cualidad de las aguas del río que recorre la provincia desde sus nacientes cordilleranas.
2. Otron: Una leyenda aborigen cuenta que hace varios cientos de años, antes de la llegada del hombre blanco, el lecho del Lago Musters era un gran valle habitado por familias autóctonas (Sarmiento, provincia del Chubut, República Argentina). Pero un día inesperado, en época de deshielos, las aguas llegaron en bloque desde la cordillera y cubrieron el amplio valle, sumergiendo en las profundidades a sus habitantes. Así se formó el lago que los nativos denominaron OTRON y hoy lo conocemos con el nombre de Musters, por el viajero inglés que en siglo pasado recorrió la Patagonia. La leyenda dice que una especie de maldición fue la causante de semejante desgracia y también, que fue un aviso premonitorio de lo que sucedería después con la llegada de la civilización. La ferocidad que a veces presenta el lago no sería otra cosa que el espíritu de aquellas tribus que se mantiene vivo en esas aguas.
— Fuente de información: “Nuestro Sur” Quincenario de Sarmiento. Chubut. Patagonia Argentina.

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