Hambre

Hambre

“Pues tuve hambre…
Por mí mismo lo hicieron.”
San Mateo 25:35,40

–¡¡Esto no me gusta!! – protesta el niño ante la deliciosa ensalada.
Es inocente y no sabe que millones de otros chicos mueren de hambre. Tiernas criaturas como él yacen acurrucadas en cualquier umbral o sobre la tierra yerma.  Ignora tal horror porque es demasiado joven y su mundo es la familia, la escuela y los amigos.
Hay mucha gente en el planeta y no todos tienen obligación de conocer qué cosa pasa en otros espacios ya sean de su país o de tierras lejanas.
–¡¡Esta comida es horrible!! – dice la dama  mientras aparta el plato hacia un costado.
¿Desconoce acaso que mientras ella hace un mohín de disgusto, una mujer tiene los brazos escuálidos y de su seno seco cuelga una criatura?
– ¡Eso ocurre en África! – podría replicar recordando la fotografía terrible en una revista famosa.
¿Es que no ha visto a una familia revolver basura para encontrar más basura y llevársela a la boca?
– No parecen infelices – podría argumentar – agregando– ¡mira, la niña ríe!
Sería bueno  hacerle ver que está descalza y hace frío,  pero la joven no tiene ojos para esos detalles. Protesta porque un viento recio se ha levantado en la calle y seguramente la despeinará, esta misma tarde, antes de ir al cine.
La tecnología vibra, centellea, ilumina. Caen bombas sobre poblaciones indefensas. Bosques enteros son abatidos bajo poderosas máquinas devoradoras. Los peces comen burbujas de plástico y los albatros, pesados de petróleo, tratan de remontar vuelo hacia el nido donde están sus crías y el hambre… y la sed… ¿para qué explicar los acontecimientos atroces que tan bien describen los documentales, los noticieros; los diarios, libros y  revistas?
Millones de millones tienen hambre y también sufren de hambre quienes padecen de carencia espiritual y tienen avaros sentimientos y ¿por qué no decirlo?, muchos experimentan impotencia ante la magnitud del problema, entonces, coincidimos, el hambre es de todos.
Desventurados cortejos de famélicos hubo siempre, sí, pero sus integrantes eran menos. Dicen los entendidos que hay alimento suficiente, el tema es el reparto. Dejo el libro a un lado y mil cuestiones están en mis pensamientos. ¿Qué hacer? ¿Cómo hacer? sigo preguntándome, mientras un niñito sucio de ojos color almendra se acerca a una mesa rodeada de comensales. Viene el mesero con la fuente de pollo con arroz y hay trocitos de morrón colorado dispuesto sobre la comida y es una tentación para todos, en especial para el niño. Parado junto a un señor que mastica con ahínco,  mantiene la vista en el plato. El hombre intercambia miradas con sus compañeros de mesa, toma un trozo de pan, lo abre en dos y pone un alita de pollo, solo un alita y se lo da al chico quien sonríe, murmura gracias y sale corriendo hacia la plaza con  sus piernitas desabrigadas y flacas. Allí, lo espera su padre.
Sentados bajo un pino añoso, devoran el pan y la carne magra, dorada y menuda, tan chiquita para tanta hambre…
¿Sabes cómo se muere de hambre? Mira, leamos la página 40 de El holocausto del hambre de Ezequiel Ander-Egg:

“Al comienzo, el hambre se hace sentir constantemente, ya sea cuando se trabaja, se descansa o se duerme. Incluso en los sueños se hace presente…  El vientre pareciera que grita. El sujeto siente como si le estuviesen devorando los órganos…  Pero llega un momento en que se pierde el hambre; el dolor ya no es agudo, se hace sordo. Un día el hambriento ya no se levanta. Todo su pensamiento se eclipsa en un chisporroteo de centellas dolorosas. Pausas definidas y separadas en el ritmo respiratorio. La cabeza se inclina hacia atrás, la mandíbula queda colgante. Los ojos se apagan; la pesadilla se convierte en frío estupor. Y ese hambriento muere, sin ruido, acurrucado; ni siquiera puede protestar o rebelarse… Cada día, de cada semana, de cada mes y de cada año, 100.000 personas mueren de hambre sobre la tierra… Cada uno de ellos es un hombre como tú, un hombre como yo, un hombre como todos los hombres.”

Cabe agregar que el libro es del año 1982. ¿Deberíamos duplicar, triplicar, cuadruplicar  la cantidad de personas que mueren de hambre hoy? Agrega el autor citado:

“Tres dólares bastarían para salvar a cien niños que se volvieron ciegos por falta de vitaminas. Pero se gastan 300.000 millones en armamentos…”

Sobran las palabras y más vivo que nunca está el pasaje bíblico donde Jesús dijo:

“Pues tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber… Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron.”

San Mateo 25:35,40

Amanda Hermoso
Bachiller en Teología

Amanda Hermoso

La escritora Amanda Hermoso ha obtenido numerosos premios a nivel nacional e internacional y es autora de los libros: Ríos en la soledad (cuentos y poemas). Edición del autor. Tandil. (1995); Sombras y luces (cuentos y poemas). Editorial Vinciguerra. Buenos Aires. (1997); El Triángulo y otros relatos (cuentos). Editorial Utopías. Ushuaia. Tierra del Fuego. (2010).

 

Comenta en Facebook

Deja un comentario