La Yakurmana

Yakurmana

Cuenta mi leyenda que cuando estoy desesperada por el recuerdo de la muerte de mi hijo transformo las aguas en veneno. Veo al niño reflejado en los chicos ribereños y si escucho el resonar de sus voces entre los cerros, vierto lágrimas incansables aumentando así el curso de mis venas. Soy un alma atormentada, es cierto, mas no hago daño alguno a menos que me ensucien con basura o me desmadre provocando inundaciones.

Me llaman “La Yakurmana”, deidad del agua y bendición de los sembradíos. Vengo de tiempos muy antiguos donde el bravo inca poblaba las cordilleras. Los chamanes de la tribu me consultaban los designios de los amantes y los enfermos acudían a mis orillas para refrescar sus cuerpos afiebrados.

Fui la vidente sanadora y respetada divinidad. Fui tan importante como el culto al sol y a la luna. Después vinieron sequías y por poco desaparezco. Pedí a las nieves eternas la continuación de mi poder nutriente y mi deseo fue concedido, mas no fue lo mismo depender de un deshielo que manar de continuo entre las rocas eternas.

Soy “La Yakurmana”, diosa diaguita del vital elemento. El clima está cambiando y donde hubo hierba verde vislumbro incipientes desiertos. Las blancas cumbres se ven grisáceas, cubiertas por los hollines que trae el viento. Sólo un recuerdo permanece inalterable y es el de mi padre asesinando a nuestro niñito, producto del amor ferviente que nos profesábamos el indio y yo.

Fui la joven que presenció, por orden de su desalmado progenitor, las torturas a su futuro esposo. Deslumbrada ante la carne de bronce herida bajo la luz del mediodía, asistí a su valiente resistencia y rogué por él. Cuando fue abandonado bajo un árbol me acerqué con cautela para desatar los crueles ligamentos que oprimían su cuerpo y allí lo besé con dulzura contradiciendo toda formalidad que pude haber aprendido. Antawara, desconcertado, dejó que lo guiara por el tupido algarrobal y al atardecer, llegamos a un claro donde nos esperaban mi criada y sus hermanos.

Sin mediar palabras conformamos un núcleo rebelde a los mandatos de España y por meses vivimos un amor sin fronteras; pero el poderío de la espada pudo más y no tardaron en descubrirnos. Mi padre terminó con la vida de mi amado y luego arrojó a nuestro niño al río. Desde entonces gimo y grito entre las quebradas y no es cierto que busco criaturas para envenenarlas con el afán de poseer sus almas. Trato de no desaparecer y pido a la lluvia que aumente mi cauce. Es verdad que en los ojos de cada hombre busco a mi adorado Antawara y ellos no comprenden el motivo de su tristeza si acaso se contemplan en mi superficie. En ocasiones lloran porque temen la muerte del agua, su idolatrada más importante, la que alimenta las plantaciones y mantiene con vida a sus cuerpos. Ellos saben que soy un bien escaso, cada vez más escaso, sin embargo soy atacada con elementos  putrefactos no sólo en mi memoria sino también  en mis actuales corrientes sagradas.

Yo, “LaYakurmana”, llamo a reflexión y una vez más elevo un canto implorante confiando en que los apus1, las brisas y las nubes lleven al mundo mis  palabras de seda:

Soy el agua,  fuente de vida.
Baño continentes, alimento sembradíos.
Rocío donde el sol multiplica su brillo.
Caricia de cantos rodados.
Laguna donde las garzas montan guardia.
Verde tornasolada agua de mar
borda sobre la playa costuras de sal.
Azul en las bahías,
calmo reflejo del cielo
Inconmensurable.
Prodigiosa.
Frágil.
Objeto de los descuidos.
Muchas veces charco sucio.
Otras, mares contaminados.
Lápidas de podredumbre
donde hubo transparencias.
Y siempre la presencia
de hombres afanosos
destruyendo
contaminando
riendo despreocupados.
–Al arroyo –dicen– o al mar
los desperdicios.
Inmundicias son vertidas
en cataratas turbulentas.
Toneladas de carroña
invadiendo
avanzando
mientras Alguien
teje penas y derrama lágrimas
sobre un sueño perdido.

Amanda Hermoso
Serie “Leyendas”.

Agradezco al señor Juan Merodio, Licenciado en Turismo y nuestro guía en la provincia de La Rioja, Argentina, el esclarecimiento de algunas dudas.

Yacurmana de Chuquis

Leyenda de La Yacurmana

Se dice que el vocablo significa Madre del agua, pero también se lo conoce como agua que cae. En La Rioja está muy difundida la Yacurmana de Chuquis, que es un accidente geográfico proveniente de la ladera del Velazco. Sin embargo también está también muy arraigado en Solca, Dpto. F. Quiroga, entre las serranías de Malanzán y Nacate, donde se la pinta como una viejecita vestida toda de blanco que aparece en el estanque de los Mota, entre los cañaverales, este espíritu -protector de día-, con las primeras sombras de la tarde cambia de personalidad, tornándose maléfica para cuidar que no se sequen las vertientes y se conserve cristalina el agua.
La Yacurmana de Chuquis: Se le llama también hilo de plata o cabellera de plata, agua que cae en referencia a la diosa diaguita del agua y por su caudal, pero en época veraniega se convierte en una espectacular cascada por el importante aporte de las lluvias a su volumen de agua.
| Infinito Misterioso

Amanda Hermoso

La escritora Amanda Hermoso ha obtenido numerosos premios a nivel nacional e internacional y es autora de los libros: Ríos en la soledad (cuentos y poemas). Edición del autor. Tandil. (1995); Sombras y luces (cuentos y poemas). Editorial Vinciguerra. Buenos Aires. (1997); El Triángulo y otros relatos (cuentos). Editorial Utopías. Ushuaia. Tierra del Fuego. (2010).

Imagen: ”La Yacurmana”, diosa del agua. Dique de los Sauces. La Rioja. Foto: Amanda Hermoso.

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1 Apus: Cerros tutelares.

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