Princesa de la Paz

Princesa de la paz

Anarcopunk es lo que soy, sí, ¿y a vos qué te importa? ¿Querés que acepte la hipocresía de los mayores que se mandan todo “de callado” y después nos dictan moralina? Ayer nomás mi padre me trompeó. “¿Qué sos vos que no venís a dormir a la casa?” Y él ¿qué es? Me pregunto yo. Anda con otra y viene de vez en cuando a controlar a mamá y no deja ni un mango. Como un perro recorriendo el predio, eso es lo que es. No quiere perder la presa y encima el novio de mi madre me mira cada vez que paso cerca de él. Siento sus ojos resbalar por mi espalda hasta la curva de mi cintura y ahí demora su viaje lascivo y después sigue, continúa su inspección y siento que hasta las calaveras tatuadas en mi piel cierran sus ojos; ellas, acostumbradas a ver la miseria más grande, la de la carne soberbia pudriéndose en colgajos… y no me doy vuelta, salgo de la cocina rígida, yo, que me creo superada en todo… pero este tipo me puede. De refilón le adivino el pecho agitado y la boca entreabierta y no quiero mirarlo, pero mis ojos se desvían porque pienso que en cualquier momento alargará su mano huesuda para enganchar sus dedos de buitre en mi body negro y calado… me sacaría el cinturón y le cruzaría la facha a lonjazos hasta hacerlo sangrar… porquería… y no le cuento a mi novio y menos aún a mis padres porque seguro se va a armar y a mí no me conviene… la verdad… no sé dónde ir… en todos lados hay despelote. Si estoy con Rudi terminamos peleando, con mamá nos abrazamos, pero ni bien toca el timbre el chabón se pudre todo y ella se desarma en atenciones dejándome de lado y papá, qué se yo… papá está de novio y ella no me puede ni ver, sobre todo cuando él me da plata para mis gastos. Ya vi su mirada de víbora. Quiere toda la guita para ella. Y bueno… me voy… tengo turno para otro piercing… abro la puerta y me encuentro con don Julián, el vecino reprobador, el de las épocas reprimidas, pienso yo. Se ha pasado la vida espiando a los demás y ahora la agarró de punto a mamá y ella me cuenta que lo odia. Don Julián vive petrificado en el umbral de su casa. Parece un bicho, ahí, al acecho, un mamboretá con panza llena de vino y nariz colorada… asco… también me mira cuando me voy caminando, pero no tanto… su objetivo es pescar a mamá in fraganti para contarle a mi padre… seguro… me voy, loco… me voy a fumar a la plaza… ya estoy del tomate… me puede…
………………
Atardece. Los perros duermen bajo los tilos. Un  grupo boliviano prepara sus quenas y zampoñas. Lina fuma un cigarrillo. Luego abre la cartera y saca un libro y el esmalte negro. Retoca sus uñas color noche. Los últimos rayos de sol se reflejan en su pelo. Mechones verdes. Mechones rojos. Dentro de un rato ayudará a Fabián con la pintura en los murales del lago. Desde el almuerzo que no come, pero no le interesa. Enciende otro cigarrillo. Abre el libro y lee conceptos que van de acuerdo con su idea de vida. Ruptura. Rechazo de límites. Angustia desesperada y el dadaísmo…
Un viento frío arremolina las hojas secas. Toma su campera mínima de bordes deshilachados y emprende el camino hacia el Museo de Bellas Artes. Ignora el por qué (y no es la primera vez que esto ocurre). Seguro busca refugio en los hondos pasillos tapizados de cuadros…

Amanda Hermoso

Amanda Hermoso

Fragmento publicado en “El Triángulo y otros relatos”, tercer volumen de cuentos de la autora. Editorial Utopías, Ushuaia, Tierra del Fuego, Argentina, 2010.
La escritora Amanda Hermoso ha obtenido numerosos premios a nivel nacional e internacional y es autora de los libros: Ríos en la soledad (cuentos y poemas). Edición del autor. Tandil. (1995); Sombras y luces (cuentos y poemas). Editorial Vinciguerra. Buenos Aires. (1997); El Triángulo y otros relatos (cuentos). Editorial Utopías. Ushuaia. Tierra del Fuego. (2010).

Imagen: Punk Love, dibujo a esfero por Luis Ponce (Lobi) en base a una fotografía.

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